La realidad ha dado lugar a que circule información errónea sobre la contaminación intradomiciliaria y el uso de la calefacción en los adultos mayores.
Se piensa que la contaminación atmosférica es exclusiva de los espacios públicos. En realidad, dentro de nuestras casas puede llegar a ser cinco veces superior a la contaminación exterior.
Se piensa que la contaminación intradomiciliaria no influye en las enfermedades respiratorias. Pero en realidad, se ha comprobado que este fenómeno es responsable del 95% de los casos de adultos mayores que van a parar a los hospitales por obstrucciones respiratorias.
Se piensa que la contaminación por el humo del cigarro en el hogar no es dañina. Pero en realidad, el humo del cigarro es 100 veces más dañino que los más altos niveles de contaminación de Santiago y constituye una agresión directa sobre las vías respiratorias.
Se piensa que las emisiones de los vehículos y de las industrias no se infiltran en casas y edificios. En realidad, si la ventilación interior es mala, estos contaminantes se acumulan alcanzando concentraciones superiores que en el exterior. Si a eso sumamos que en invierno cerramos todas las puertas y ventanas, sin dejar que circule el aire, la contaminación intradomiciliaria se complica aún más.
Se piensa que las estufas a parafina sólo emiten un mal olor al entrar en combustión. En realidad producen monóxido de carbono gases sulfurosos que en cinco horas pueden llegar a niveles muy altos y que pueden provocar enfermedades respiratorias, náuseas, fatiga, irritación a la vista y vías respiratorias, taquicardia, incluso la muerte.
Se piensa que los adultos mayores regulan la temperatura del cuerpo. En realidad, con el paso de los años la piel se adelgaza, haciendo que su mecanismo natural de aislamiento sea menos efectivo. De ahí que los adultos mayores se instalan al lado de la estufa por largo rato, lo que finalmente desencadena problemas respiratorios.
Se piensa que apenas se sienta frío hay que prender la estufa. En realidad si bien es importante entibiar el entorno, es recomendable que los adultos mayores se abriguen a sí mismos. Ello significa usar ropas cómodas que les permitan tener movilidad. Las prendas de vestir deben ser funcionales, lo mismo ocurre con la ropa de cama. Se recomienda el uso de plumones más que el exceso de frazadas que tienden a inmovilizar a las personas.