Funcionaros del Senama viajaron a este país de adultos mayores, para conocer sus avances en el cuidado del grupo etareo y tratar de adecuarlos a la realidad nacional.
Con una población cercana a los 127 millones, donde casi 25 millones tienen más de 65 años (el 19,3%), Japón sabe lo que significa que un país envejezca. Chile, va por similar camino con un 11,4% de adultos mayores, el sistema nipón puede ser un referente digno de considerar.
“La inquietud de los japoneses por el tema se nota en las inversiones que hacen. Visitamos incluso pueblitos de 900 habitantes, con 100 adultos mayores, pero con unos centros e implementaciones inimaginables”, cuenta Gladys González, asistente social del Senama.
Tal como ocurre en Chile, los japoneses también se preocupan de agrupar a los mayores de buena salud en múltiples clubes, donde practican todo tipo de hobbies y deportes (aunque a un nivel más competitivo, no sólo recreacional). Sin embargo, el foco del Estado se ha centrado en la gente más deteriorada.
En este grupo, la novedad sin duda se llama Kaigo Hoken: un “seguro de cuidados de largo plazo”, que se paga obligatoriamente y de por vida a partir de los 40 años (además de la cotización para salud y previsión).
Entre los servicios de Kaigo Hoken están, por ejemplo, la asistencia a personas mayores para hacer el aseo de sus casas, cocinarles, hacer compras, vestirlos y hasta bañarlos en tina.
Fuera de casa se puede optar, entre otros, a los Care House (instituciones para rehabilitación), establecimientos de corta estadía (en caso de que la familia viaje y el abuelo no tenga con quien quedar), hogares protegidos (para personas con demencia) y casas de reposo.
De hecho, una idea que podría parcialmente imitarse sin requerir tantos recursos es la generación de grupos de voluntarios adultos mayores. “Por ejemplo, que apoyen a los consultorios y puedan monitorear casos de gente sola y frágil, de manera que sean una voz de alarma para cuando se necesita llamar a una ambulancia y hospitalizarlos”.
Otros proyectos en carpeta son capacitar cuidadores adultos mayores; crear una especie de “Servicio País” de la tercera edad, en que profesionales jubilados apoyen en diferentes comunas, y formar Casas de Día, algo similar a un parvulario para los mayores que viven en familia, pero no tienen con quien estar durante las jornadas laborales.
Fuente: EL MERCURIO
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