- ¿Que te pasó amiga? estás pálida… ¿Un vasito de agua…?
- No, sólo quisiera que alguien hiciera los trámites por mí.
- ¿Por qué?
- Ayer quise ocupar el teléfono en mi casa y me salió una grabación que me impedía marcar.
- ¿Y qué hiciste?
- Desde mi celular, llamé a la compañía y la operadora me preguntó: “¿con quién tengo el gusto?”.
“¿Gusto?”, pensé. Expliqué mi problema y me dijo: “su teléfono figura con corte, contáctese con su oficina comercial”. Me contacté y me volvieron a preguntar: “¿Con quién tengo el gusto?”. Paciencia…, me dije.
“No, no tiene pago pendiente. Le contactaré con reparaciones”. Me contactaron y nuevamente la preguntita: “¿con quién tengo el gusto?”. Entonces, conté por tercera vez mi historia y me respondieron que emitirían una orden de reparación y que todo quedaría solucionado en 24 horas.
Al día siguiente, el teléfono era mi única obsesión. Al mediodía llamé y todo de nuevo. “Vamos a cursar una nueva orden de reparación”, me dijeron. Pedí hablar con un supervisor pero fue imposible.
- Pero amiga, cámbiate de telefónica…
- ¿Cómo? no sabría cómo…
- Llama a otras empresas, cotiza, pregunta por los servicios que ofrecen y asegúrate que tenga una buena oficina de atención al cliente. Terminas con la actual compañía y contratas otra.
- ¿Así de simple?
- ¡Date un gusto! Y de paso, dales una lección…