– Te dije que en cualquier momento encontraba una solución– irrumpió Violeta sosteniendo en su mano una oferta de su financiera.
– ¿Qué significa eso? ¿Fuiste a diferentes lugares a cotizar? Preguntó su amiga mirando de reojo el papel que decía “$1.000.000 y tres meses de gracia”.
– No, esa es la gracia– recalcó Violeta. “No alcancé a pedir nada. Esto me llegó aquí, a la oficina. Mira lo cómodo, es un crédito pre aprobado y en 24 horas me dan la plata y alcanzo a pagar las cuotas atrasadas del colegio de Marcelito…”
– ¿Tienes claro cuánto vas a pagar? ¿Averiguaste cómo se hace, la cantidad de cuotas, el interés mensual, etc? No seas desubicada, Violeta.
– Bueno, sí… La verdad es que… no, pero eso lo averiguo después. Lo importante es que no tuve que hacer esos odiosos trámites. Me llegó… me cayó como del cielo.
– Del cielo te van a caer los cobradores cuando no lo puedas pagar. ¿Sabes Violetita? La semana pasada yo hice lo mismo… pero me informé bien.
– ¿Y…?
– Bueno, primero tienes que tener claro el monto que necesitas y lo que puedes pagar al mes. Luego cotiza personalmente o por internet comparando las cuotas en los mismos meses, por ejemplo: 24. Y que no incluya seguros…
– Fáaaaacil.
– Espérate. Pregunta por los impuestos y gastos notariales que los tienes que pagar tú. Y si te dan algún mes de gracia averigua si te cobrarán intereses.
– Ya me embalé. Me voy a meter altiro a internet. ¿Qué dijiste de los seguros?
– Son voluntarios. No te los pueden imponer.
Al llegar a su casa, Violeta le dice a su marido. “Tengo listo lo del crédito”. Y mientras despliega el cuadro comparativo que le hizo su amiga, le pregunta ¿qué te parece?
– ¡Qué organización! – exclama su Alfredo. ¿Te puedo contratar como mi ejecutiva de cuentas?
– Depende. Depende de la oferta...– le respondió coqueta.