Mientras Violeta se ducha, se le aparece el mar, las arenas blancas, las olas reventando y ella corriendo por la playa… estupenda. Al secarse, se envuelve en la toalla pero ésta no la cubre como antes. Se mira de reojo en el espejo. “¡Ya, se acabó!”, dice. ”Hoy mismo empiezo el régimen y me inscribo en el mejor gimnasio”, añade mientras recuerda la voz de su amiga Julia diciéndole:
- Dos meses en el gimnasio Figurín tu puedes y cinco kilos menos; mírame si hasta me dicen piropos en la calle.
Con una taza de té y un pan tostado con mantequilla que le llega a las narices sigue pensando: “Tengo que tener fuerza de voluntad. Voy a ser regia”.
A la hora de colación, mientras come una manzana, entra a un gimnasio. Aparece un guapetón de esos con músculos hasta en las uñas que de una mirada la analiza.
- Ya me imagino a lo que viene. Le hace falta bajar unos centímetros de cintura, otros de caderas, apretar los brazos… esa parte de arriba que es la primera que se cae y para todo eso le recomiendo que venga todos los días y tome el programa fullcorp o sea cuerpo entero en remodelación. En un mes estaríamos viendo resultados.
Cuando la Violeta ya se siente cinco kilos más flaca, pregunta el precio. De nuevo se siente cinco kilos más gorda.
“Mejor voy a ir por una hamburguesa doble con queso”, reflexiona. Sentada en su trabajo, se ve nuevamente en la playa, gorda, y un niño preguntando a su mamá: “¿por qué esa señora es así?”.
Por la tarde, decide seguir cotizando. Entra a un local diferente y aparece otro musculoso, que en vez de medirla la invita a un café. “Me equivoqué” piensa, “quizás sea un gimnasio camuflado…”
- ¿Qué anda buscando? ¿Qué tipo de ejercicios le gustaría hacer? ¿Cuál es su disposición de tiempo? En este folleto hay alternativas de horarios y precios. Véalo. Si tiene una consulta me llama. Esperamos su decisión señorita…
- “Señora”, precisa ella con una sonrisa.
Ya en la calle, las imágenes de Violeta son otras: se saca el pareo, se mete al agua con su bikini mientras siente cómo el agua le recorre el cuerpo.
| - | Dos meses en el gimnasio Figurín tu puedes y cinco kilos menos; mírame si hasta me dicen piropos en la calle. |
| Con una taza de té y un pan tostado con mantequilla que le llega a las narices sigue pensando: “Tengo que tener fuerza de voluntad. Voy a ser regia”. A la hora de colación, mientras come una manzana, entra a un gimnasio. Aparece un guapetón de esos con músculos hasta en las uñas que de una mirada la analiza. |
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| - | Ya me imagino a lo que viene. Le hace falta bajar unos centímetros de cintura, otros de caderas, apretar los brazos… esa parte de arriba que es la primera que se cae y para todo eso le recomiendo que venga todos los días y tome el programa fullcorp o sea cuerpo entero en remodelación. En un mes estaríamos viendo resultados. |
| Cuando la Violeta ya se siente cinco kilos más flaca, pregunta el precio. De nuevo se siente cinco kilos más gorda. “Mejor voy a ir por una hamburguesa doble con queso”, reflexiona. Sentada en su trabajo, se ve nuevamente en la playa, gorda, y un niño preguntando a su mamá: “¿por qué esa señora es así?”. Por la tarde, decide seguir cotizando. Entra a un local diferente y aparece otro musculoso, que en vez de medirla la invita a un café. “Me equivoqué” piensa, “quizás sea un gimnasio camuflado…” |
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| - | ¿Qué anda buscando? ¿Qué tipo de ejercicios le gustaría hacer? ¿Cuál es su disposición de tiempo? En este folleto hay alternativas de horarios y precios. Véalo. Si tiene una consulta me llama. Esperamos su decisión señorita… |
| - | “Señora”, precisa ella con una sonrisa. |
| Ya en la calle, las imágenes de Violeta son otras: se saca el pareo, se mete al agua con su bikini mientras siente cómo el agua le recorre el cuerpo. | |